La fuente que mana y corre

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La fuente que mana y corre

Sara Díaz "Aradia", joven y solvente cantaora de Fuenlabrada, acompañada por el maestro Pepe Núñez, con las entradas agotadas, fueron los protagonistas de noviembre en La Libre Flamenco, el pasado 16 de noviembre en La Libre de Barrio de Leganés.

Por María Isabel Díez 'Isamad'

Cantar, como escribir, es un ejercicio de palimpsesto, aquella tarea de copistas medievales que consiste en borrar un texto manuscrito para volver a escribir otro nuevo por encima, aprovechando así al máximo un recurso tan escaso como el pergamino. Una vez suprimido el texto, éste no desaparece para siempre: con el tiempo afloran a la superficie algunas letras o palabras antiguas y tozudas que se unen a la versión más reciente. Sara se inscribe en la saga de los pocos -Serrat, Mercé, Morente- en atreverse con la Elegía a Ramón Sijé del poeta de Orihuela. No hay extensión más grande que mi herida…Voy de mi corazón a mis asuntos… Cantar siempre es convocar a, acordarse de y Sara lo ilustra en la segunda letra, invocando al maestro Fosforito recientemente fallecido.

Después de unos tientos en los que desempeña con rotundidad su papel de cantaora y de unos caracoles con letra propia, cierra la primera parte por fandangos, contraviniendo la (pequeña) ortodoxia según la cual éstos han de concluir un concierto. Ya se sabe que el orden de los factores no altera el producto. Sara reúne de sobra las facultades de las mejores intérpretes: potencia, expresividad, voz nítida y letras que se te clavan como una saeta. Con semejante debut, ¿qué iba a dejar para la segunda parte?

Soleá por bulerías, templadas por Pepe cuya guitarra es fuente inagotable de falsetas siempre renovadas: este hombre tiene a gala no repetir ninguna a pesar de tantos años de actuación, como tampoco por lo visto repetía sus letras Manuel Vega García, El Carbonerillo en la Sevilla de los años veinte. Por seguiriyas de Triana rematadas con la cabal de Silverio tan esperada por Jimmy se engrandece la cantaora, conquistando acto seguido nuestros corazones con María de las Mercedes. "He cantao la granaína y la media, ¿eh?", recalca, engarzando un pequeño rubí en un rinconcito del escenario, bajo la atenta mirada de un público entusiasta y de miles de libros.

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