En torno a la pureza

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Reflexión en torno a la pureza, por María Isabel Díez 'Isamad'.

Reflexión en torno a la pureza, por María Isabel Díez 'Isamad'.

En la Rosaleda del Retiro hay una flor, la más singular y extraña. No es rosa de pitiminí, ni tiene un toque de color cuando se abre, en el pistilo. No es como la típica rosa roja de las floristerías o que te intentan vender en los restaurantes del centro cuando estás cenando. Es lisa y totalmente blanca. Seguramente sea la más rara, la más preciada por su singularidad, fruto de una selección elaborada no ya para que esté así de fuerte, sino sencillamente, para que exista.

La rosa es como la obra 'Cuadrado blanco sobre fondo blanco' de Malevich, fruto de una larga reflexión. Y fruto de un año, 1918, en el que ocurren cosas como el final de una guerra mundial con millones de muertos. Un año después de la Revolución de Octubre, el pintor ruso postula que, como el arte es puro espíritu, ya no hace falta representar ni dibujar nada. Y pinta un cuadro blanco ligeramente azulado que coloca, al bies, sobre un fondo blanco. A este movimiento se le llama suprematismo. El necio dice que esto es muy fácil, que esto es una mierda, que esto lo hace un niño de tres años, pero se equivoca. Hasta aquí no llega cualquiera sino quien es creador y tiene una visión global de la historia del arte. Para idear este cuadro, es preciso abolir de un plumazo la perspectiva y lo figurativo, conceptos fraguados varios siglos atrás.

A pesar de su aparente sencillez, la rosa es artificial, no natural. Es fruto de la mente de un jardinero. En el flamenco ocurre lo mismo: la pureza no deja de ser hermosa, como esta rosa, pero es un concepto elaborado, el que más, creado por quien sabe mucho y conoce bien los cantes. En el mundo, no existe, a pesar de que nos digan que sí, que es lo más antiguo, lo más de verdad y que se ha recogido en el jardín de las esencias. La pureza es fruto de un siglo romántico, el XIX, que inventa banderas y nacionalismos. Es una reinvención de la tradición. Es, como el cuadro de Malevich, un concepto moderno. Es muy hermoso y necesario recrearse ante la rosa blanca, la pintura de Malevich o la Toná de los Pajaritos. Pero también puede ser útil conocer qué caminos llevan hasta estas obras. Si no, corremos el riesgo de repetir tópicos y pensar que esto o lo otro es lo único, lo mejor, y que lo demás no vale nada y es una auténtica mierda.

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