Vuela, vuela, vuela, no dejes de volar
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Francisco Hidalgo fue, el pasado domingo 16, el protagonista de febrero en La Libre Flamenco, la programación dirigida por Pacolega en La Libre de Barrio de Leganés (Madrid).
En un mundo en el que se comete una tropelía, una barbaridad cotidiana mayor a la precedente, la presencia de gente que abre camino es necesaria. El bailaor Francisco Hidalgo, la guitarrista Antonia Jiménez y la cantaora Belén Vega son de estas personas. El laboratorio de la Libre fue testimonio de ello el domingo pasado, una vez más.
Hay historias que se repiten. Aquel chaval de Algodonales, provincia de Cádiz, al que espetan en su pueblo que será bailaor de circo, parte con dos amigos y mil pesetas en el bolsillo a Barcelona, recordando la aventura del propio Chacón. Allá por 1885, Don Antonio, que no es más que un adolescente, sale de Jerez junto al guitarrista Javier Molina y un hermano bailaor de éste, a comerse el mundo. Dejar la tierra de uno como tantos emigrantes quizá sea la decisión más difícil. Dar un paso, después otro es lo más esperado para Francisco Hidalgo que llega a los mejores tablaos, a la final del festival de La Unión y a lugares tan remotos como Seattle, Washington o Miami, no sólo como intérprete sino como coreógrafo, hasta recalar en el escenario confeti de la Libre. De abrir caminos en ambientes donde la tocaora es una excepción sabe también, y mucho, Antonia Jiménez que desde la localidad de El Puerto de Santa María lleva una trayectoria similar, además de componer. La joven jienense Belén Vega acompaña con su cante que se va afianzando en la segunda parte, sobre todo por fandangos, a lo largo de la tarde.
El baile de Francisco es preciso y generoso, de carácter. Interpreta con todo su cuerpo, dejándose el alma en cada zapateado, a la vez que tritura el decálogo clásico de Vicente Escudero según el cuál sólo se baila en hombre de cintura para abajo. Sus movimientos amplios y teatralizados, con trazas de danza contemporánea no se olvidan del matiz: para concluir el taranto dibuja el trémolo de la guitarra con un temblor de brazo sutil, poético, llegando hasta el final de la mano y más allá, rompiendo, junto a su tocaora estereotipos de género. Por alegrías de su tierra sana lágrimas de emoción que han brotado entre los aficionados. En la tertulia posterior se evocan las dificultades que conlleva el ser artista, se comenta el viaje interior o lejano que Francisco, Antonia y Belén nos acercan y cabe en la palma de la mano. En este lunes gris de fastidio ojalá todo rodara, peonza ágil en su eje, como el baile de Paco Hidalgo.
