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Martirio, flamenca grande del punk, cierra con gran éxito Veranos de la Villa

Martirio, flamenca grande del punk, cierra con gran éxito Veranos de la Villa

Miles de personas compartieron con Martirio una especial ceremonia a través de tres décadas de la artista, la noche del martes 30 de agosto en el Auditorio Pilar García Peña de Madrid, concierto de despedida de los Veranos de la Villa 2016.

Se han dicho tantas cosas con los años, que cualquier asunto podría resultar redundante. Solamente en este mismo medio, es seguramente la artista que más párrafos ha ocupado en casi década y media, contándose por decenas las noticias, reseñas, entrevistas... Pero es necesario seguir diciendo cosas, porque su grandeza es ilimitada, y siempre evoluciona en el tiempo. Este texto podría ser la reseña de un concierto, o intentar describir solamente cualquiera de los temas. Por ejemplo, la Paid So Well. Se queda corto decir que, como concepto, es una perspectiva única sobre la copla estandarte de Manuel Molina, reflejada en la elegancia escénica de Juana Reina encontrándose con Billie Holiday. Con todo lo que supone eso. Pero es que han pasado muchos años desde que decidió hacerlo con Chano Domínguez, y el tiempo pasa. Martirio es esa que después de haber evolucionado conceptos, no se quedan como asuntos que ya sucedieron: ella es de evolucionar sobre sus propias evoluciones del pasado, porque han pasado treinta años de la era del vídeo comunitario, ahora estamos en tiempos de Netflix, y ella tiene relojes que van cuarenta minutos por delante del tiempo. Así se llega a la Paid So Well, provocar ir más alla de aquel encuentro de la copla con los mundos de Billie Holiday: Martirio cantando un género propio de ella misma, en inglés, en perfecto equilibrio entre la copla y el jazz. Solamente ella sabe y puede.

Martirio en Veranos de la Villa 2016

Mucho se ha dicho sobre si Martirio es coplera, o es flamenca, cantante de sevillanas, actriz... En realidad, ante todo es punk. Martirio es flamenca grande del punk. Hay que ser muy punk para conseguir, casi en solitario, destrozar el pretendido disfraz argumental con el que se disfrazó a la copla con un interés político. Hay que ser muy punk para ser flamenca libertaria. Hay que ser muy punk para no parecerse a nada, a nadie. Hay que ser muy punk para ser Martirio. Hay que ser muy punk para parir a Raúl Rodríguez. Hay que ser muy punk para pasar tres décadas resultando coherente y elegante haciendo lo que le sale del punk.

Miles de seres humanos en el Auditorio Pilar García Peña, en el distrito de Hortaleza, fueron testigos de toda una gran variedad de conceptos y cosas, con una banda de nivel. El gran Raúl Rodríguez entre guitarra flamenca y tres flamenco con sus siempre geniales ideas, la necesaria versatilidad pianística de Jesús Lavilla, la batería de Guillermo McGill, contundente a la par que elegante, el contrabajo de El Negrón jugando bonito entre idas y vueltas.

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Un despertador que suena a las ocho menos cuarto, sonando a saeta porque la procesión que va por dentro de una señora de su casa comienza su recorrido oficial al amanecer, continúa la mañana con una copla que canta sobre el bucle de la rutina diaria, para llegar a la noche en un onubense fandango confesional, las vecinas saben que Manolo no hace sonar los muelles del colchón, en la madrugá de esa procesión que va por dentro. Un concierto que comienza con Estoy Mala, de esta manera, solamente puede ser un catalizador sentimental de conceptos vitales. Ella tiene para cada asistente una letra, un ligado de tercio, un movimiento de abanico o una mirada que encaja, en cualquier momento, con cualquier concepto atascado de la vida cotidiana de las personas, para provocar una liberación de los asuntos. Cada cual de las miles de personas asiste con sus respectivas cosas, y ella libera de esas cosas a cada uno de esos miles de espectadores, sin ser necesario el trámite de la confesión, ella es sabia, ella es la que conoce todas las cosas habituales en los seres humanos. Dos mujeres abrazadas se besan casi en primera fila durante la noche "guy". Pocos minutos después, muy cerca, una señora de avanzada edad agarra fuerte las manos de su acompañante para bailar con Temes, aquel bolero que Vitín Avilés cantaba en los setenta. Miles de personas, cada cual con sus cosas, despidiendo al verano con Martirio al llegar la última medianoche de agosto, en un parque bajo las estrellas.

Por Jaci González
Fotos Pacolega

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