Un festival de excelencia, tercera semana del Corral del Carbón

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Los Veranos del Corral 2015, Corral del Carbón, Granada

Todos los veranos, cuando acaba el flamenco del Corral, queda un vacío algo extraño. Han sido tres semanas de espectáculos y son bastantes los artistas que han pasado por esta Muestra de verdadera intensidad.

Este año, por primera vez, los Veranos del Carbón tienen su continuidad en la costa. El 19 y 20 de este mes, el Corral se desplaza a Almuñécar y ofrece el cante de David ‘de la Jacoba’ y el baile de Fuensanta ‘la Moneta’ respectivamente.

Hoy queremos hacer balance de este ciclo que hemos ido desglosando a través de los días. Las bondades del lugar, la ubicación, el sonido, las luces y el ambiente, ya se promulgaron en un principio. La calidad y calidez de los artistas, con los altibajos eventuales, son evidentes. Se podría decir que valoramos dentro de la excelencia.

Destacaremos sin embargo el valor indiscutible de los cuadros que han acompañado a las bailaoras y bailaores como marchamo de garantía. Todos ellos de una profesionalidad y acierto sobresalientes. Por otro lado insistiremos en el recinto y, sin temor a equivocarnos, diremos que el patio nazarí donde se desarrolla este festival es el recinto más hermoso que existe entre los escenarios flamencos de pequeño formato.

En la recta final de estos últimos cuatro días hemos conocido los picos de toda la Muestra. Quiero decir que los niveles han aumentado y el listón se ha mantenido en la más alta de las posiciones. En criterio de quien firma este artículo, hemos contemplado en estas noches finales lo mejor del baile (Olga Pericet) y hemos escuchado la mejor guitarra (Luis Mariano); y, si me apuran, también lo más granado del cante, en las personas de Miguel Lavi y Juan Ángel Tirado, aunque sin olvidar el recital de Pedro el ‘Granaíno’ o las intervenciones de ‘El Mati’ o ‘El Galli’ en días pasados. Estas apreciaciones, no obstante, son personales, repito, y algo arriesgadas.

Además fue la semana de máxima asistencia. Tanto es así que el último día quedó gente en la puerta que no pudo pasar. Y, ya puestos, diremos que el tiempo fresco que veníamos anunciando por fin hizo acto de presencia.

El don de lenguas de Eduardo Guerrero. Lunes 10 de agosto

Desde que este bailaor gaditano ganó el Desplante Minero en el Festival de las Minas de La Unión en 2013, no ha parado de innovar hasta encontrar un lenguaje propio basado en la plasticidad de su espléndida figura, en su técnica desestructurada y en su apego a la vanguardia. Todo esto aderezado con una puesta en escena muy cuidada y un vestuario especial.

No contento con sus logros, sigue buscando. Se convierte en políglota. Y, lo que se mostraba de un barroco exquisito y explosivo, por momentos es cubista o contemporáneo con vistas a un proyecto lleno de sorpresa y fantasía.

Su baile es esbelto y rectilíneo; elegante, como el de Latorre; creativo y sinuoso, como el de Rocío Molina; trasgresor, como el de la granadina Eva Yerbabuena. Tres de los maestros por los que ha pasado.

Arropándolo al cante estuvieron Miguel Rosendo y Pepe de Pura y, a la guitarra, Jesús Guerrero. Un buen cuadro, como venimos apuntando desde un principio.

Eduardo comienza bailando el silencio, que pronto pasa a ser caña, donde muestra sus credenciales antológicas. Es un soplo de vida, es un sorbo en el desierto, es un buen sueño. Basta este primer tema para evaluar la altura y la promesa de este balilaor; que también hará tonás y seguiriyas, donde le da gran protagonismo a una de sus constantes: al baile con sólo tacón o al compás; y, para terminar, mirará a su tierra para brindarnos unas luminosas alegrías. El fin de fiestas, aclamado por un público incondicional, las hará en solitario.

El baile con argumento de Olga Pericet. Martes 11 de agosto.

Si hay alguien que tiene algo que decir es Olga Pericet. Todo en ella es milimétricamente exacto. Con una formación exquisita en todas las disciplinas dancísticas, su puesta en escena viene a ser la efímera obra de arte que no termina mientras su luz no se apague.

La cordobesa no es la primera vez que pisa estas tablas. Se puede decir que sus primeros pasos en solitario los dio en el Corral del Carbón, y después ha venido en diferentes ocasiones. Será por eso que viene como si fuera a su casa; será por eso que quiere a su público y se deja querer como ninguna; será por eso que presenta un concierto flamenco exclusivo para esta ocasión, que ha dado en llamar Pa el Corral.

Miguel Lavi y Miguel Ortega forman un tándem al cante de muchos quilates. Por separado, en los entreactos, propondrán malagueñas del Mellizo (Miguel Ortega) y seguiriyas (Miguel Lavi). Antonia Jiménez, a la guitarra, es única, creativa y de una limpieza absoluta. Abrirá el concierto rindiéndole homenaje a la tierra que la acoge con unas sentidas granaínas.

El punto de equilibrio lo propondrá Tacha González, a las palmas (lástima que su sonido se perdiera), que se dará una pataílla por bulerías a los postres.

La bailaora cordobesa bordará en primer lugar unas seguiriyas, donde curiosamente, en contra de los tiempos, no abusa de los pies e incluso concede bastantes minutos a danzar sin fisuras un monumental silencio. Para terminar, alegrará el aire con unas cantiñas, acompañadas de mantón, aunque sin depender de él.

Pero la matrícula de honor se la concedemos al baile central por levante y tangos, con pantalón y un agradable toque moruno en los cuatro tiempos. Un baile consistente y versátil; lleno de propuestas y de guiños al pasado y al porvenir; acompasado y cercano; con diferentes velocidades y emociones; un baile en definitiva con argumento.

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Tocando la fibra. Miércoles 12 de agosto.

Raquel Heredia ‘la Repompilla’, es una bailaora malagueña, afincada en Granada desde hace tiempo y relacionada física y espiritualmente con el Sacromonte. Es la primera vez que actúa en solitario en el Corral, para lo cual Alma y Tacón es su propuesta.

Su baile es visceral y enraizado; rico de pies e impulsivo. El genio propio que le caracteriza, se retroalimenta del sentir rotundo de la cueva y del pase diario. No obstante, en esta ocasión, la Repompilla nos ha parecido más reposada y atenta al cante y la guitarra que en otras ocasiones.

Un cuadro eminentemente granadino la acompaña. Juan Ángel Tirado, Raúl Molina ‘el Mikey’ y Amparo Heredia, al cante; Luis Mariano, a la guitarra; y José Cortés ‘el Indio’, a la percusión.

Comienza Raquel sola en el escenario apuntando unos pasos, mientras del exterior se acercan los cantaores con una capela morentiana. Es el Poema del Tiempo, que Enrique grabó por primera vez por tangos “En la Casa Museo Federico García Lorca de Fuente Vaqueros” (1989), basado en fragmentos de la obra lorquiana “Así que pasen cinco años”.

Raquel, sin abandonar el poder de transmisión que arrastra su pureza, bailará por alegrías vestida de mar; y se alargará por soleares al final del espectáculo, que tiene momentos sobreactuados fuera de lugar. Una obra sin embargo que, limando asperezas, puede ser de lo más exportable.

Sus músicos, en los interludios, plantearán abandolaos, con un interesante coro final, en los que sobró la percusión; y Luis Mariano por su parte firmó a la guitarra una zambra y bulería que le granjearon por derecho ser reconocido como el mejor tocaor del ciclo. Su creatividad compositora, su herencia sacromontana y su rabia contenida le hace ser uno de los mejores guitarristas y compositores del momento.

Para redondear la noche, cuatro chicas, cuatro ángeles blancos, alzaron sus voces cantando un salmo, proveniente del Culto, en señal de acción de gracias, por todo lo acontecido. Salmo que se repitió, como bis, con mejores resultados, al final de la noche.

El buen pulso granadino. Jueves 13 de agosto.

La noche final fue dedicada a una “Gala de los flamencos de Granada”. Un puñado de los flamencos locales que vienen despuntando en la actualidad quisieron dejarnos su buen hacer entre las tablas. Algunos de ellos son bastante conocidos y ya habían participado otros días en este mismo ciclo. Otros, sin embargo, estaban por descubrir.

Como dije en un principio, fue una velada que creó expectación. Fue una noche de entrega y sorpresa, aunque demasiado larga. Para apreciar las facultades de un cantaor, no tiene que quedarse una hora sobre el escenario. A veces es mejor quedarse con ganas, saborear una muestra, alabar una pincelada.

Luis Mariano, a la guitarra, vindicó nuevamente su reinado con unas granaínas y unas bulerías en solitario. Además, acompañó a los demás artistas el resto de la velada. Miguel ‘el Cheyenne’, a la percusión, tampoco se bajó del escenario y, a los postres, presentó a su hija, Estrella Fernández, de sólo nueve años, que, llena de gracia, hizo su debut por granaína y tangos del Camino.

Juan Ángel Tirado con su cajita de música en la garganta y su potencia innata interpretó tonás, seguiriyas, tientos-tangos, soleá por bulerías y bulerías. Este último tema a boca de escenario, sin megafonía. Lo que demostró que este cantaor no se entiende mucho con el micrófono y que lo preferimos desenchufado.

Tomás García, antes que el maestro Tirado, se presentó por malagueña y abandolaos; se extendió innecesariamente en la soleá apolá; fue bastante aplaudido en Lucía, el éxito de Serrat por bulerías. También hizo tanguillos y remató con un par de fandangos. Tomás goza de una voz afinada y robusta, a pesar de su juventud, aunque aún su presencia es insegura y desabrida.

El baile de Saray Fernández ‘la Pitita’ llegó bien pasada la media noche. Su propuesta por bulerías es rotunda y muy granadina. Su visión es alargada.

Por Jorge Fernández Bustos
Fotos: Joss Rodríguez

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