El flamenco acertado de Jesús Carmona y su gente en 7 Balcones

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Jesús Carmona, festival Flamenco Madrid

El bailaor y coreógrafo Jesús Carmona volvió a Madrid con sus 7 Balcones el pasado fin de semana, 27 y 28 de junio, dentro de la programación del festival Flamenco Madrid, que ha tenido lugar durante el mes de junio en el Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa.

Que bueno es que Jesús Carmona no sea el típico, y eso se nota bastante en el escenario. Él no debe ser de necesitar convencerse mucho para salir a escena, no es imaginable en plan veinte rituales previos para situarse en modo artista, porque bailando se le nota que él es así de flamenco de continuo. No es de complicarse el baile, ni de buscarse una serie de pasos rebuscados que le identifiquen claramente, y por eso funciona, por eso conecta, porque es muy flamenco, transmite naturalidad entre el carácter icástico de su esencia. Él la complejidad la lleva donde hay que llevarla, en el uso del escenario, que para eso están esos días que se baila en un teatro, para saber aprovechar recursos escénicos. Parece como si fuera ya su sexto espectáculo, que bien sabe usar la escena y todo con mucho sentido. Es interesante ver algo así cuando hay veinte jugando con nesciencia intentando ser Pina Bausch, en plan pretender imitar literalmente las cosas de la inconmensurable maestra de Wuppertal. Del mismo modo que un baile da para más oles si resulta natural, como el suyo, también da para más oles si lo que se ha aprendido de otros es a ser conceptual pero desde un mundo propio.

Jesús no es ese bailaor típico que se monta una escobilla eterna con cinco cortes para que la gente se ponga a ovacionar cinco veces en el mismo baile, porque él no es así, Jesús es el inverso del efectismo, y precisamente por eso consigue más, porque además de conseguir transmitir aporta naturalidad, te mete de lleno en su historia. Jesús es más de matarte cuando menos de lo esperas, ahí es donde sitúa su desplante y su cosa, y en realidad ahí es donde reside realmente el flamenco, en lo imprevisible, con una de sus características principales: olvidar el tiempo, porque este espectáculo fluye de tal manera que no invita a mirar la hora, siempre sucede algo, todo va enlazado. Acompañado de una buena compañía, no faltaba ni sobraba nada, todo a buen nivel, con el cante de Ismael de la Rosa 'Bola' y Loreto de Diego, el baile de Lucía Campillo, la guitarra de Daniel Jurado y Vanesa Coloma con sus cosas. Hacía años que era necesario ver a La Vane en un asunto así, Jesús ha sabido sacar lo mejor de ella, toda una grande, la flamenca total que canta, baila, recita, y lo que sea necesario, a compás con arte.

En cada balcón, un acervo de conceptos que en realidad no son autobiográficos, más bien tirando hacia recuerdos flamencos abstractos en el tiempo. Comenzando por la rumba catalana por el origen badalonés del artista, las cosas van sucediendo, que arte por tangos por Triana, que grandes los fandangos onubenses, y cuando llega a Córdoba por soleá... Esas botas 'colorás' entre la solemnidad y el tiempo, esas cosas de Jesús, ese equilibrio bien planteado para quitarse y ponerse el sombrero, y sin pausa, a subirse a una baldosa, llevándose el chotis madrileño al flamenco con originalidad, bien cantado, tocado y bailado. Suenan cantiñas por rosa, Cádiz es la última parada y aparece espectacular Lucía Campillo con su bata de cola, godible instante que remata Jesús al trasladarse el carácter por alegrías hacia la bulería. Sonoras y merecidas ovaciones, un trabajo así merece pasar por más escenarios, como buena muestra flamenca de qué es lo que debe llevarse a la sencillez y dónde hay que mostrar la complejidad, el acertado equilibrio de cosas de Jesús Carmona.

Por Jaci González

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