El flamenco sonido del silencio en Guadalupe Torres y José Maldonado

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Guadalupe Torres realizó el estreno en España de su nuevo espectáculo Roble, la noche del sábado 21 de marzo en el Teatro Tomás y Valiente de Fuenlabrada, dentro de la programación de las XXXI Jornadas Flamencas de la localidad madrileña.

El silencio como ese concepto que quizás mejor define al flamenco. El instante callado de la mirada de José Maldonado frente a un lienzo con una botella en la mano, aquel que mira a esa pared que posteriormente pintará a compás por tientos y soleá. El sonido que rompe el silencio al moverse una mesa a través de una seguiriya. Ese baile original por seguiriya de José, que bonito es evitar el habitual momento de la escobilla infinita, él no va por ahí. Él no hace esa larga escobilla que hacen casi todos, la mascletá del mediodía de un cuarto de hora en plan a lo Valencia en Fallas, que casi todos hacen, pero casi ninguno consigue llevar a algo que sea más que un ratito para impresionar al público, del mismo modo que una buena mascletá valenciana no es solamente una sucesión de ruidos impactantes. José Maldonado directamente no hace una escobilla de esas. Él baila su flamenco con arte, y en los momentos más cercanos a la danza contemporánea que hay en esa seguiriya, es cuando surgen los más merecidos óles. Hay muchos que hacen cosas alternando asuntos de danza contemporánea salpicada entre el baile, él no. Él sabe cómo hacer las dos cosas a la vez, el baile en esa seguiriya no es una sucesión de danzas distintas, resulta un discurso único y compacto, él merece que sea más habitual que se escriban más cosas sobre su baile.

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Después de la seguiriya vuelve el silencio, que de repente se rompe por verdiales, en una bulla máxima. Aparece Guadalupe espectacular en escena, con la también espectacular bata de cola que inventaron Belén de la Quintana y Eva Pedraza. Bonita fue la soleá, y el mejor momento de Guadalupe llegó por petenera, rompiendo el silencio con el sonido de un mantón en silencio. Resulta redundante contarlo así, pero así sucedió, movimiento de silencio que rompe al mismo silencio. Como el sonido de la voz de David Carpio y El Mati convenciendo por enfrentados fandangos, la gran sonanta de Francisco Vinuesa como único guitarrista del espectáculo, en ocasiones suenan percusiones Martín Jones.

Varios seres humanos son quienes, en los últimos años, han creído que meter en el flamenco unos instantes por arte de Wuppertal consistía en copiar cosas de Pina entre baile y baile. Y no es eso, Guadalupe demuestra que no es eso. Lo coherente no está en montarse un momento de Pina entre unas alegrías y una soleá. No. Para jugar a hacer literalmente lo de Wuppertal ya están los herederos de Pina Bausch. Lo coherente, si se quiere intentar hacer encontrar el flamenco con esas cosas, es derivar hacia una creación artística con la que resulte flamenca la danza teatro. Así, acertada en concepto, se despide Guadalupe del escenario, después de aquellos versos de Neruda, 'me gusta cuando callas...'. En el momento de evolución que llega después de todo, metáfora de supervivencia, a continuación de representar la resistencia a través del silencio y el sonido, resistencia resistente como un roble.

Por Jaci González
Fotos Pacolega

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