Clase magistral de cante flamenco por Jesús Chozas

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Con el cante flamenco de Jesús Chozas continuó la programación del ciclo Flamenco en La Libre, el pasado domingo 15 de febrero en La Libre de Barrio de Leganés (Madrid).

A veces vas a un espectáculo de flamenco sintiendo que todo va a ser previsible: se oirán cantes 'serios' al principio, tipo malagueña o soleares; después la cosa seguirá por tangos, alegrías, fandangos para acabar por bulerías…

Justo lo contrario de lo que ocurrió ayer en la Libre. Pocas veces sale una de un recital que desprenda tanto sabor a cante añejo y tanta frescura a la vez… Y eso que Jesús Chozas, con sus 70 años, no es de los nuevos novísimos. Haber empezado en una época, los años cincuenta, en la que el flamenco le debía todavía mucho a las tabernas y a los cafés cantantes de principios del siglo, acompañando a Niña de la Puebla, Farina o Valderrama, no le impidió retirarse del flamenco en 1971. Pero volvió al cante, después de un largo y inaudito paréntesis de 25 años.

No es una trayectoria al uso: demuestra más bien un criterio sopesado y madurado como un buen caldo de la tierra. Jesús Chozas abre la tarde por tonas, interpretando a continuación una carcelera que sobrecoge. Pasa a los cantes de levante, desgranando una variedad de éstos: cartagenera, taranta y verdial minero, cuyas letras son, por cierto, de rabiosa actualidad: "Con mi pico y mi pala, yo me ganaba la vida de La Unión hasta Almería, y están las cosas tan malas que han cerrado la galería".

 

Siguen unas farrucas que, según cuenta Jesús Chozas, eran de Galicia pero que se apropiaron los andaluces, muy listos ellos, cuando se fueron a pescar a aquellas tierras. "Farruca, mi sueño es verte bailar. Báilame Malena y echa todas las penas…". Ahora nos vamos a Málaga y a Córdoba, con un ramillete de fandangos que demuestra que estos cantes, con sus innumerables variaciones, no son de un solo bloque, sino que constituyen un género en sí mismo dentro del flamenco. La granaína de Juan Breva dice así: "Quién te pudiera traer, pueblo de los verdiales, metido en la faltriquera, como un pliego de papel', recordando, en esta letra, el modo de transmisión ancestral de los famosos romances de pliego de cordel (o romances de ciego).

La voz portentosa y templada, llena de matices y sobria de Jesús Chozas despliega una galería de personajes del pasado con tintes oníricos… Un rey escribano que despierta atormentado por los celos; un sereno que, desatendiendo sus obligaciones, se queda dormido al alba; "ese ruiseñor humano…". Los veinticinco años de barbecho han decantado su voz como un buen vino.

 

Después de un breve descanso, vuelve Jesús Chozas con una toná liviana, en un cante largo, tendido, glorioso, que crece y lo ocupa todo. Este hombre no escatima esfuerzos ni voz, y no parece que esto le suponga dificultad alguna. Aborda la malagueña del Mellizo ('la del temple, y después la grande'), para proseguir con la seguiriya de Manuel Molina, la soleá de Silverio y una petenera por soleá. A estas alturas, nos rendimos ante la evidencia de estar viviendo un gran momento del cante, que se nos ha transmitido con su historia, sus orígenes geográficos, su variedad exquisita. Pepe Núñez muestra, con la guitarra y más que nunca, ser un gran compañero de viaje, atento en captar y bordar los  matices que van surgiendo de esta voz.

Y acabamos por fandangos,esta vez del Niño de Fregenal que ponen una nota cromática elegante a la tarde: 'Con hilillos de colores un cuadro te estoy haciendo, tu retrado en el centro, María de los Dolores, tormento de mis tormentos'. Deseando estoy de volver a escuchar, a sentir algo así.

Por Isamad
Foto Pacolega

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