El curioso caso del Festival Mundial del Botijo de Castre

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El curioso caso del Festival Mundial del Botijo de Castre

Una fábula para comprender aspectos esenciales sobre cómo funcionan algunos eventos culturales en el mundo real

Imaginemos la existencia de una ciudad llamada Castre, con más de medio millón de habitantes. Castre es tanto capital de una provincia española, como ciudad principal de una comunidad autónoma. Que Castre sea una ciudad fundamental en la historia del botijo, siendo Castre el lugar en el que se han definido gran parte de los modelos de botijo que actualmente conocemos. Además, vamos a imaginar que el hecho de la creación de botijos se hiciera habitualmente en escenarios, fuera un espectáculo en el que el alfarero sale al escenario y hay cientos de personas sentadas en un teatro, público dispuesto a contemplar cómo el alfarero crea un botijo. El botijo, como espectáculo escénico, también estar en pleno momento de desarrollo en todo el mundo, a nivel internacional.

Castre organiza el Festival Mundial del Botijo de Castre, cada dos años. Organizado por el Ayuntamiento de Castre en colaboración con el gobierno autonómico, todos los gastos pagados con dinero público. Como concepto teórico es lógico que suceda, si Castre es fundamental en la historia del botijo, es normal que Castre tenga un gran evento relevante periódico con el botijo. Un asunto importante a tener en cuenta: Como todos los gastos del festival se pagan con dinero público, a ningún ser humano en particular le va a doler en su propio bolsillo el resultado de venta de entradas del Festival Mundial del Botijo de Castre. Es decir, sea cual sea la venta real de entradas del festival, concepto que va directamente ligado a cuál sea la repercusión del festival en medios de comunicación, los funcionarios que hacen el Festival Mundial del Botijo de Castre van a cobrar lo mismo. Sea cual sea el retorno económico generado por la venta de entradas, sea cual sea la imagen internacional del Festival Mundial del Botijo de Castre, no duele el bolsillo personal de nadie. Nadie asume personalmente ninguna posible pérdida, pero en realidad, todos los habitantes de Castre asumen las posibles pérdidas económicas, teniendo en cuenta que el dinero público no es una cosa que llueva del cielo los miércoles a la hora de la siesta. El dinero público viene de los impuestos que obligatoriamente pagan los ciudadanos.

Respecto a la organización del festival, estando asegurado el sueldo de todos sean cuales sean los resultados de venta de entradas, independientemente de su repercusión internacional, hay un único riesgo relevante al que están sometidos los cargos que deciden y determinan todo sobre el Festival Mundial del Botijo de Castre. Ese único riesgo está en las elecciones municipales y autonómicas. Cada cuatro años, hay un domingo que los habitantes de Castre van a un colegio electoral a meter en urnas unos sobres con papeletas, para elegir a los políticos que gestionarán las cosas de la ciudad durante cuatro años. El Festival Mundial del Botijo de Castre es una de esas cosas que gestionarán los políticos elegidos en las elecciones ¿Cuál es entonces el principal objetivo que se marcan los responsables del Festival Mundial del Botijo de Castre? Si tenemos en cuenta que el mantenimiento de sus cargos depende de los habitantes de Castre, puesto que los habitantes de Madrid, Londres, Buenos Aires o Nueva York no van a ir a votar a Castre cuando haya elecciones municipales y autonómicas, el objetivo del Festival Mundial del Botijo pasó a ser algo muy obvio y evidente ¿Que el festival tenga una repercusión internacional real, o convencer a los habitantes de Castre de que el festival tiene una repercusión internacional? Parece el argumento de un capítulo de The Simpsons: "El ayuntamiento organiza un gran evento mundial, y es verdad porque lo dice la televisión local y autonómica, y toda la prensa local dice que sucede un gran evento internacional, el ayuntamiento nos sitúa en el mapa mundial, y eso genera turismo y riqueza, vayamos a votar otra vez a los mismos".

Con cierto carácter goebbeliano, conociendo los once principios de la propaganda de Goebbels, se trabaja en saturar la ciudad de Castre con el acontecimiento. Cuando llega el Festival Mundial del Botijo, todas las calles se llenan de carteles del festival. Se centran las campañas publicitarias del festival en la prensa local, para que así los periódicos locales, las radios locales y las televisiones locales dediquen portadas y grandes titulares al festival. Se promueve mucho el movimiento de espectaculares frases inventadas, del tipo "El Festival Mundial del Botijo de Castre es el gran escaparate internacional del botijo en todo el planeta", "El principal festival de botijos del mundo", "El Festival Mundial del Botijo determina el futuro del botijo para los próximos años". Aunque fuera de la ciudad de Castre, la provincia en la cual es capital Castre, y fuera de la comunidad autónoma, los seres humanos en general ni se enteren de que se está haciendo el Festival Mundial del Botijo en Castre. Es más, ni siquiera el target de público de botijos a nivel internacional apenas llega a enterarse sobre la celebración de una nueva edición del festival.

Mientras tanto, todo habitante de Castre, durante todo un mes, desde que se despierta por la mañana hasta que se va a dormir por la noche, vive rodeado del festival. Al poner la radio, al ver la televisión, al pasar por un kiosco de prensa, al ver en medios sociales canales relacionados con la actualidad regional, en todo momento el habitante de Castre tiene presente que el Festival Mundial del Botijo de Castre está sucediendo. Por lo cual ¿Cómo pensar si es cierto o no que todo el planeta Tierra está mirando a Castre, si todo lo que te rodea durante un mes es mucho ruido sobre el festival? En la prensa local, hay al menos cinco o seis cronistas que van contando a diario las presentaciones de botijos que se realizan por las noches. Juegan a levantar polémicas muchas veces artificiales, con tal de animar el cotarro y conseguir su propia notoriedad. Los alfareros creadores de botijos viven en muchas ocasiones con una gran ansiedad, ya que ellos se han tragado el mensaje goebbeliano también, asumiendo que es cierto que el planeta Tierra les está mirando, que al día siguiente de su presentación serán noticia en medios de comunicación de todo el planeta, creen que su futuro depende de ser programado o no en el Festival Mundial del Botijo de Castre. Una vez que les han programado, a muchos de estos alfareros les crece más aún la ansiedad ¿Qué dirán los cinco o seis cronistas locales sobre sus botijos? ¿Habrá críticas negativas o serán positivas? ¿Arruinarán su trayectoria como alfareros o supondrá su lanzamiento internacional como alfareros? Sin ser conscientes de que su presentación en Castre tiene exactamente la misma repercusión real y relevancia en su carrera que la presentación en cualquier otra capital de provincia española. Un evento que es importante en el ámbito de una ciudad, al cual atiende principalmente la prensa local, y poco más.

Entonces, en el mundo real de las cosas, resulta que es cierto que incluso llegan turistas de todo el mundo hasta Castre, para asistir a las presentaciones de botijos en los teatros de la ciudad. Pero a cada edición del festival, disminuye mucho la masa de público extranjero que acude a Castre a ver presentaciones de botijos ¿Por qué razón? Porque como a cada edición importa más convencer a los habitantes de Castre de que sucede un evento mundial en Castre, que el hecho de que el evento que sucede en Castre tenga en realidad una repercusión mundial, cada vez menos público potencial de fuera de Castre se siente atraído por el Festival Mundial del Botijo de Castre. Cosa que al Ayuntamiento de Castre, asunto que a la organización del festival, le da lo mismo. Si llegase a medio o largo plazo el momento de que la venta de entradas a turistas extranjeros fuera casi nula, para eso faltan al menos diez o veinte años. Con toda seguridad, será otra gente la que esté en el Ayuntamiento. Se opta por lo más efectivo para el interés propio: vender la moto a los habitantes de Castre, que son los que van a ir a votar cuando haya elecciones municipales. Si el público local no da para una programación tan intensa en los teatros durante un mes, el grueso de venta de entradas depende mucho del turista extranjero, y el turista extranjero cada vez acude menos, se aumenta la cuota de invitaciones en los teatros para rellenar, y ya está. Pero siendo esa la realidad, aún tenemos a los alfareros creadores de botijos muy preocupados por la noche de sus respectivos espectáculos en los que se verá cómo crean sus nuevos modelos de botijos ante el público, se han convencido más aún que los habitantes de Castre de la película de supuesta repercusión internacional.

Por supuesto que el artista alfarero, a la mañana siguiente de su presentación, encontrará varios titulares en los medios, tendrá una sensación de repercusión mediática ¿Pero con qué alcance y de que manera? Mucha información que principalmente verán y leerán los habitantes de la ciudad de Castre, como mucho de la provincia. También un colectivo de unas quinientas personas, el sector profesional del botijo en España. Pero aparte del ruido en la ciudad de Castre, y la atención prestada por un público tan limitado como los propios alfareros y sus managers ¿Un aficionado a los botijos que está en Tokio, Dubai, México D.F. o París llega a enterarse de algo? Apenas de nada. Es más, siguiendo con las cosas que se plantean en esta imaginaria fábula, aunque Castre sería una ciudad fundamental en el nacimiento y desarrollo del arte del botijo, a día de hoy en cualquier lugar del planeta surgen alfareros que sin pasar por su vida por la ciudad de Castre, gozan de gran fama a nivel internacional. Se crean festivales del botijo en Canadá, Japón o Estados Unidos en los que actúan alfareros internacionales, festivales que consiguen atraer a público y medios de comunicación de España, Noruega o Chile. Mientras tanto, el Festival Mundial del Botijo de Castre, por su propia estrategia de ser más importante convencer a los habitantes del lugar de que sucede un evento internacional, que en realidad serlo, al final tiene una función de formación de gueto cultural.

Hay en Castre un bonito monumento situado en una plaza, que se llama El Pitorro, así que al finalizar el Festival Mundial del Botijo de Castre, la organización del festival y los cronistas deciden entregar el premio El Pitorro a quien decidan que ha sido el mejor alfarero, simbolizando que durante los próximos años, hasta una nueva edición del festival, el ganador de El Pitorro es el alfarero de botijos que más triunfará en el mundo. El caso es que suele ser habitual que pasados pocos meses desde que se concede a un alfarero el premio El Pitorro, a pesar de ser coronado como el artista alfarero de referencia en el mundo, tenga dificultades para mostrar sus botijos en teatros fuera del área regional de Castre.

En toda esta fábula, imaginen que la realidad de la industria del botijo a nivel mundial, un movimiento cada vez mayor de alfareros y público, se desarrolla por su cuenta, y cada año con menor influencia del Festival Mundial del Botijo de Castre, un festival que, a cada edición que pasa, consiste más en un movimiento centrífugo cada vez más centrado en el público de la ciudad de Castre, cada vez más obsesionado en convencer a los habitantes de Castre de que sucede un evento mundial... Mientras artistas alfareros que ni son de Castre, ni posiblemente pasarán por su vida por Castre, llenan grandes teatros en todo el mundo, con un público aficionado a los botijos que, a su vez, cada vez sienten menor necesidad de pasar por Castre aunque sea alguna vez en la vida. Mientras tanto, al mismo tiempo, el Festival Mundial del Botijo de Castre cada vez es menos importante en el mapa internacional de la industria cultural del botijo. Aunque la ciudad de Castre sea un lugar de origen histórico y desarrollo fundamental del arte del botijo. El suceso: en un momento imprescindible y único en la expansión mundial del botijo, la ciudad de Castre juega a considerar que lo que sucede en Castre es un reflejo de lo que sucede en todo el mundo, y que toda la industria del botijo en el planeta se referencia en lo que suceda en Castre. Y la industria del botijo en todo el mundo cada vez pasando más de la existencia de Castre y su Festival Mundial del Botijo.

Por Jaci González

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