actualizado 19:49 CET, 17 Mar 2019

El Torta vive, y Jerez lo sabe

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El Torta vive, y Jerez lo sabe

Miles de personas llenaron el albero, los tendidos y las gradas de la Plaza de Toros de Jerez de la Frontera, en la noche del viernes 17 de junio, para uno de los mayores festivales flamencos en las últimas décadas, recordando a El Torta.

Maite Pulpón y Pepe Kimto soñaron que todo Jerez se metía dentro de la Plaza de Toros, para que El Torta esté vivo para siempre, y a un acontecimiento flamenco tan único como superlativo acudiera gente desde Madrid, Barcelona, Londres, Los Ángeles, Berlín... Algunos sueños de ese tipo merecen que sucedan en la realidad. Sucedió. Una noche tan inmensa que es imposible resumir todo sin dejar atrás momentos importantes, hay madrugadas que solamente se pueden narrar decentemente en un libro, cualquier intento en un espacio más breve sería ofrecer solamente una serie de apuntes. En las siguientes líneas es inevitable que falten asuntos relevantes, no es posible resumir en justa medida todo aquello que sucedió durante más de siete horas, desde que el sol se escondió hasta que estuvo a punto de volver, al mismo tiempo que una luna casi llena se fue a dormir después de pasar toda la madrugada frente al escenario. Seguro que muchos estábamos convencidos de que esa luna asomada detrás de las gradas, tan imponente como discreta, era una señal: El Torta estaba viendo los conceptos y cosas, en esa misma plaza en la que él fue el más esperado cada septiembre, al llegar la fiesta de la bulería.

Sonó el piano de La Reina Gitana, presente después el arte de Paco Cepero con Samuel Serrano, primero con el martinete y debla del cantaor: "La Plazuela está de luto, La Plazuela tiene el alma rota, porque te fuiste tan pronto, Juan de los Moneo, El Torta" cantó el chipionero antes de ser arte por tientos con Cepero. Fernando de la Morena y Luis El Zambo resumiendo los terrenos jerezanos entre la soleá, la bulería por soleá y la bulería. Desde Chiclana llegaron Los Rancapino, el carácter esencial por bulerías del padre y su niño Alonsito, quien conectó con absolutamente todo el público por fandangos. Jesús Méndez y Manuel Valencia como dúo conceptual que es capaz de salir del escenario dejando atrás, en apenas un cuarto de hora, una sensación de haber asistido a un gran recital, con tan solo unos fandangos y unos cuplés por bulería, recordando asuntos que Jesús Méndez y El Torta compartieron, y una plaza de toros llena ovacionando el Romance de Juan Osuna. El lado más seguiriyero de la vida flamenca tuvo buena representación en los tercios de Dolores Agujetas entre el sonido de la sonanta de Manuel Parrilla, que también acompañó al cante de Antonio Agujetas. No nos podemos olvidar de la gran pareja que formaron Juana la del Pipa y Juan Villar, grande de La Viña gaditana.

Mientras María José Franco mostraba en el escenario su gran estilo en el baile, en el backstage sucedían cosas. Antonio Rey con su sonanta y Jerry González con su trompeta buscaban en un rincón del patio una nota en común, sobre el albero en la madrugada, y apareció. A pocos metros, Diego Carrasco y Tino di Geraldo ponían en orden con Curro Carrasco cómo serían sus cosas unas horas después en el escenario. Seres humanos cantaores de Campanario, Antonio Blanco y Paco Canela, se hacían selfies por allí mientras Fernando de la Morena miraba al cielo, Diego del Morao afinaba su guitarra en un vestuario improvisado, sonaban letras por bulerías en el otro rincón, otros seres humanos planeaban arreglos para un tema en el disco homenaje a Ray Heredia que en parte será grabado en Jerez. Maite Pulpón sin parar de moverse por todo el territorio de la plaza, consiguiendo sujetar y controlar durante horas uno de los mayores festivales flamencos que han sucedido en décadas. Almudena, viuda de Juan, también ponía de su parte para que fuera una madrugada histórica.

La bulería pa' escuchar es un cante esencial del flamenco jerezano, y Manuel Moneo, grande en este terreno cantaor concreto, la cantó en el gran homenaje a su hermano El Torta, junto a las sonantas de Miguel Salado y Diego del Morao, siendo el cante del hermano mayor de El Torta, como concepto, quizás el momento más relevante de las más de siete horas de arte en el festival. Es necesario que todo el público flamenco, en cualquier parte del mundo, escuche a Manuel Moneo. No hay que esperar a que pasen veinte años y sea narrado como un asunto legendario del pasado. Es ahora, este momento, cuando debe surgir algún manager profesional, adaptado a la industria musical actual, que haga posible llevar al público el concepto inimitable del cante flamenco de Manuel Moneo. No es necesario ni siquiera un recital de hora y media, ni grandes giras, pero sí es necesario situarle en escenarios importantes de España, y algún que otro escenario a nivel internacional. Todo aquel que sabe conectar con el arte de Manuel Moneo entiende que un ratito, un cuarto de hora, es suficiente para ver todo el universo. Ese gitano es actualmente quizás lo mejor del cante de Jerez, da para ser nombrado como patrimonio de la humanidad, tanto por su bulería pa' escuchar, como sus asuntos por seguiriya, que en esta noche compartió con su hijo Barullo. Era obvio que los Moneo serían fundamentales en esta noche especial, como Luis Moneo, otro hermano de El Torta, al que tantas veces acompañó con la sonanta, y que actualmente es un cantaor de largura, habitual en el madrileño Corral de la Morería. José Agarrado hizo versos con arte creados para su tío Juan. Entre las vallas que separaban el escenario del público jugaba un niño, también llamado Juan, hijo de Almudena y El Torta, un niño sobre el que el mítico cantaor dijo que es su mejor obra.

La Plazuela, el barrio de El Torta, territorio Pacote sobre el escenario. Un festival dentro del festival, a través de las guitarras de Isaac Moreno, José Ignacio Franco y Domingo Rubichi. Con Juan Diego y Curro Carrasco apareció Santiago, donde no podía faltar el arte grande de Curra, Bastiana y La Yoya. José María Castaño seguía dando paso a artistas, pasando desde los barrios jerezanos hasta el Sacromonte granadino que tanto le gustaba a El Torta. Arcángel y Marina Heredia improvisaron ser un dúo, y el resultado fue espectacular. Esos tangos de La Penca, ese Curro Albaicín rematando el momento granadino de la noche, ese ser humano Curro siendo tanto arte que solamente plantarle en un escenario, aunque no hiciera nada, es el Sacromonte personificado.

Mara Rey y su hermano Antonio crearon un momento para el recuerdo por bulerías, asunto multitudinario en cuanto a las miles de personas que tenían como espectadores, concepto íntimo por la forma de cantarle Mara Rey a la luna que tenía justo enfrente suya. Esa luna que poco a poco iba acercándose a la grada cuando aparecieron los hijos de Camarón, quienes junto a Tino di Geraldo recordaron La Leyenda del Tiempo del genio cañaílla.

Llegando a las cinco de la madrugada, la luna rozando las gradas, Mixtolobo y Navajita Plateá se unieron químicamente con la batería de Tino di Geraldo y la trompeta de Jerry González para salir a escena con Diego Carrasco. Ahí estaban Curro Carrasco, Juan Diego, Jorge Gómez, Ignacio Cintado... Esos versos para El Torta, unas letras de Maloko, y el carácter del gitano blues de la Calle Nueva al filo de la navaja por bulerías, en la voz de Pele de los Reyes.

En el recuerdo, para siempre, vivirá aquella madrugada. Para saber de aquellas horas, habrá que preguntar al sol y el mar, preguntar al aire sobre aquellos momentos, cuantas cosas recordando que salió la luna mora, al vestirse la noche de corinto, Juan como testigo de las cosas junto a Luis de La Pica, se notaba su presencia a cada momento, el flamenco fue más flamenco, la noche que volvió se fue con el alba, la brisa fresca que trae la mañana. Llegando el amanecer fue evidente que El Torta vive, y Jerez lo sabe.

Por Jaci González

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