actualizado 17:21 CEST, 16 May 2019

Pepe Habichuela y Josemi Carmona con sus cosas

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Pepe Habichuela y Josemi Carmona con sus cosas

Pepe Habichuela y Josemi Carmona demostraron en el Auditorio Nacional de Música, en Madrid, por qué son eslabón imprescindible en la evolución del flamenco. Fue la tarde del viernes 19 de febrero, dentro de la programación del ciclo Andalucía Flamenca del Centro Nacional de Difusión Musical

Ahí estaba el tío Pepe, ese ser humano por seguiriya. Poniendo la cara que Pepe Habichuela pone cuando toca cosas, que él es muy de darle respeto un escenario, y hasta se pone nervioso todavía ante los conciertos. Pero cuando está tocando, pone esa cara que parece que está viendo una película en la tele, en plan tranquila cotidianeidad mientras forma la más grande entre las seis cuerdas de su guitarra. Aunque su obra no es realmente muy abundante, Pepe Habichuela es un ser humano totalmente imprescindible para poder comprender y explicar la evolución de la guitarra flamenca, e incluso la evolución del flamenco en general en las últimas décadas. Sin Pepe Habichuela, quizás Nuevos Medios no hubiera dado aquel giro importante hacia el flamenco, sin los sonidos conceptuales de Pepe Habichuela, quizás no hubiera sucedido posteriormente Ketama. Y si no hubiera sucedido Ketama, no habría sucedido gran parte de lo mejor del flamenco y el pop español en las últimas décadas, como base de inspiración de muchas de las cosas que han sucedido porque existió Ketama, que a su vez existió en gran parte por Pepe Habichuela. Una de las posibles perspectivas de este concierto, como concepto, sería los orígenes fundamentales de Ketama y todo aquello a través de las cosas del tío Pepe, y una de las vías de consecuencias interesantes post Ketama en la sonanta del ser humano Josemi Carmona.

Pepe Habichuela y Josemi Carmona con sus cosas

A Pepe Habichuela le ha dado ahora por demostrar en los escenarios que él es Pepe Habichuela, y eso resultaba necesario. Coincidió en espacio y tiempo con el huracán que arrasaba, la deidad guitarrística, el más grande, Paco. Quizás por eso, la importante aportación de Pepe a la historia de la sonanta flamenca siempre ha quedado un poco más escondida, pero es más que evidente fijándose bien en los conceptos y las cosas. Cualquier cosa de Pepe hace veinte o treinta años podría presentarse como asunto de nueva creación, y resultaría rompedor.

Ese silencio respetuoso del público que agotó las entradas, unas setecientas personas casi conteniendo la respiración para escuchar esos tremendos arpegios en la soleá de Pepe Habichuela, con ese concepto tan suyo de limpieza en el toque, sabiendo resultar lo suficientemente esencial y basado en el pasado, sonando tan luminoso para llevar sonidos al futuro. El estilo propio por alegrías, el carácter por bulerías, con Juan Carmona Junior tocando el cajón al mejor camino para la bulería, esos toques que como precursor se inventó su tío Antonio Carmona, ese que se hizo popular como cantante de Ketama, pero que antes de eso es junto a Ramón Porrina y Manolito Soler uno de los grandes creadores de los sonidos que ahora todo percusionista flamenco toca con sus cajones. Hay aún seres humanos que ganan euros tocando cajones sin saber que están imitando sonidos de Antonio Carmona, es curioso. Juan Carmona Junior, hijo de Camborio, además de parecerse físicamente a su tío, también sigue el camino de Antonio para la percusión, y cualquier año de estos va a sorprender inventando remates nuevos. Se ve venir.

Pepe Habichuela y Josemi Carmona con sus cosas

Del mismo modo que es necesario que los seres humanos que escribimos cosas reivindiquemos más a Pepe Habichuela, también resulta necesario con Josemi Carmona. La gente debe saber por qué, cuál es su aportación, más allá de haber sido efectivo guitarrista en Ketama, que ya es bastante. A Josemi le sucede como a Paquete, que se dedican más párrafos a hablar sobre falsetas de terceros que en realidad están inspiradas por ellos, que sobre los conceptos originales. Es por un problema típico que se ha dado en los cronistas musicales en este país: o están tan centrados en el flamenco que no sabrían explicar por qué la guitarra de Josemi, porque lo suyo les resulta bonito pero raro para explicar, o no conocen suficientemente el flamenco como para poder comprender en totalidad su concepto musical. Eso sucede porque Josemi se sitúa entre películas que en teoría son muy diferentes pero él sabe unir en la práctica. Lo mismo te versiona un bolerazo metiéndolo en rollo jazzístico en una especie de bulesalsa (claro, hay que ser Josemi para hacer eso), como que te monta unas cantiñas con toda la esencia flamenca pero un resultado estético en primera instancia como que de trío de jazz noruego pero en verdad sonando flamencamente norteamericano en lo orgánico. Que grande resultó también en esas cantiñas el ser humano Pablo Martín Caminero con su O.F.N.I., ese Objeto Flamenco No Identificado que es su personal, peculiar y acertado contrabajo.

Empezó Josemi haciendo unas granaínas curiosas que sonaban muy flamencas pero al mismo tiempo hacía lo que le daba la gana, acertado y muy propio. Él puede permitírselo. Todavía hay muchos que hacen horrores y dicen estar aportando cosas al flamenco. A ver, evolucionar el flamenco en un 2016 no es meter una batería, un bajo o unos metales porque sí en tangos y bulerías, a ver si suena bonito. Es que meter batería, bajo o metales tampoco es novedad, ahí están grandes como Tino di Geraldo, Carlos Benavent y Jorge Pardo sentando magisterio hace décadas en ese sentido (sin que nadie les supere aún en lo suyo). Para intentar evolucionar el flamenco inteligentemente, antes de ponerse a hacer cruces con el jazz, el rock, el pop, o lo que sea, primero hay que tener muy claro qué es un taranto, qué es una seguiriya, qué es una granaína. Por eso Josemi Carmona es referencia, antes de hacer lo que hace ahora, antes de Ketama, incluso antes de entrar en La Barbería del Sur, Josemi ya tenía muy claro el flamenco y había visto cosas. Por eso, después de muchas cosas interesantes, Josemi Carmona pudo permitirse cerrar la primera parte del concierto con unos tangos con mucho groove, algo así como un acid jazz norteamericano negro flamenco muy escondido en el fondo pero jazzísticamente de elegante sutileza europea en la forma, incluso con un poco de rollo brasileño a lo Lenine, y con un resultado final de sofisticado y personal flamenco acertado por tangos que además tenían un punto granadino curioso. Porque Josemi tiene esas cosas: lo que es muy en el fondo de forma escondida, lo que parece ser, aquello que además le añade, y luego después el resultado final del concepto. Igual que esos perfumes que tienen un fondo de fragancia por un lado, pero transitan hacia otros olores al aplicarlo y luego el resultado final es otra cosa muy distinta. Como esos chefs que te hacen una deconstrucción curiosa en la que aplicando unos ingredientes que son muy dulces, el resultado es en apariencia salado, pero luego lo recuerdas como un sabor nuevo que no es dulce ni salado, sino todo lo contrario. Entonces, desconcierta a los que les gusta lo dulce, despista a los que les gusta lo salado, y a ver quién hace una reseña lógica del plato. Si se le pregunta, él seguramente resumiría lo que viene siendo lo suyo con alguna frase en plan "toquemos el otro día", así tal cual dicho, y ya, como si te dijera que fue al Carrefour a comprar cerveza porque se le había acabado. Pero lo suyo es posible porque no está experimentando con cosas a ver si suena la flauta, su mundo guitarrístico muy propio viene de haber escuchado, visto y hecho muchas cosas en sus múltiples pasados. Él de niño lo mismo estaba viendo a Fernanda de Utrera cantando en la habitación de un hotel en Nueva York después de recibir los aplausos de Frank Sinatra en un teatro de Times Square, con un espectáculo en el que también actuaban entre otros Juan Habichuela, Farruco y él mismo, con quince años de edad, como que estaba siendo testigo de cómo su padre compartía escenario con el mismísimo Jaco Pastorius en alguna isla remota. Él mismo volvería a Nueva York para ser aplaudido, como en el Ronnie Scott's de Londres, él ha compartido carteles con Camarón y Enrique Morente con su banda al mismo tamaño de letra, él produjo con Alejandro Sanz un nuevo himno para la ciudad de Cádiz con la voz de Niña Pastori. Fue con Ray Heredia a pedir copias de sus propios discos a Mario Pacheco. Vio suceder muchas cosas en la mítica Cueva de la Encrucijada de Miguel Candela en la calle del Olivar. Trescientos se auto proclamaban como primos de Josemi en cada madrugada de la calle Echegaray. Son muchas cosas. Y hasta de todo eso han pasado muchos años, sin ser todavía un señor mayor. Josemi sigue innovando después de venir de vuelta de muchas cosas miles de veces. Hay que ser Josemi Carmona para hacer las cosas de Josemi Carmona, que no es mejor o peor que otros, pero sí un mundo propio personal de grandes conceptos.

Pepe Habichuela y Josemi Carmona con sus cosas

Entonces, en un momento, la guitarra de Pepe, que imagina el futuro desde hace más de cinco décadas, y la guitarra de Josemi, que imagina el futuro desde hace casi tres décadas, se unen en el escenario para unos tangos y unas bulerías, también con Juanito a sus percusiones, Pablo Martín Caminero y los mundos identificables de su objeto, y suceden las cosas. Ahí resulta curioso todo, porque cada cual tiene su propia película, pero al mismo tiempo, son muy comunes en lo principal de sus cosas. Se queda uno con ganas de más. Todo sucediendo bajo la atenta mirada desde un palco de Amparo, esposa y madre, porque Amparo es muy de tenerles controlados. Había algunos guitarristas entre el público, pero se echaron en falta más guitarristas aún para escuchar cosas importantes que hay que escuchar.

Por Jaci González
Fotos Pacolega

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